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El escritor, periodista y gestor cultural deja un legado imborrable en la historia de la comunicación y la literatura boyacense.

La ciudad de Chiquinquirá  y el departamento de Boyacá lamenta profundamente el fallecimiento de Raúl Ospina Ospina, periodista, escritor y organizador del Encuentro Internacional de Escritores, un hombre cuya vida estuvo marcada por la palabra, la verdad y un compromiso inquebrantable con la sociedad. Con cerca de 15 obras publicadas y numerosos reconocimientos, su nombre quedó inscrito como referente del periodismo ético y la creación literaria en Colombia.

Imponente en presencia, pero inmenso de corazón, Raúl Ospina Ospina fue un hijo adoptivo de Chiquinquirá que convirtió a esta ciudad en su hogar y escenario de su obra. Su vida estuvo atravesada desde la infancia por el dolor del desplazamiento forzado, cuando con apenas cinco años tuvo que abandonar junto a su familia su finca en Ortega, Tolima, arrebatada por la violencia. Aquella herida temprana, lejos de apagarlo, forjó su sensibilidad y su profundo sentido humano.

Desde joven descubrió que su mayor virtud estaba en el manejo de la palabra. Estudió radio en el Colegio Superior de Telecomunicaciones en Bogotá, donde se destacó por su talento en la redacción de noticias y la improvisación. La lectura disciplinada, desde las primeras horas del día, y su curiosidad incansable por todo tipo de temas, fueron pilares de una formación autodidacta que lo acompañó durante toda su vida.

Su ejercicio periodístico estuvo marcado por la valentía. Decir la verdad le trajo amenazas y momentos en los que la muerte estuvo cerca, pero nunca renunció a informar con objetividad. “En este país, decir la verdad es muy complicado”, afirmaba, convencido de que su mayor protección era la fe. Ni el miedo ni la intimidación lograron silenciar su voz ronca y grave, que durante más de 20 años fue emblema del radioperiódico que dirigió y del que fue fundador: Bocunsa, proyecto que nació en 1976 y que dejó huella en Boyacá, Cundinamarca y Santander.

Raúl Ospina también fue testigo y narrador de episodios que marcaron la historia local y nacional. Uno de los más dolorosos fue el asesinato de su amiga, la jueza María Eugenia Riaño, en 1988, hecho que lo quebrantó emocionalmente pero que, aun así, lo llevó a cumplir con su deber periodístico, informando con la voz entrecortada y el alma herida.

Además del periodismo, la literatura fue su gran pasión. Escritor de cuentos, poemas y novelas, encontraba inspiración en la vida cotidiana, en la lectura constante y en muchas historias que alguna vez fueron noticia. Desde niño cultivó la poesía, creando coplas y versos que anticipaban al creador que sería años después.

Su ciudad lo reconoció en vida por su invaluable aporte cultural y periodístico. Recibió premios y condecoraciones a nivel local, regional y nacional, entre ellos la Orden del Roble, máxima distinción del departamento de Boyacá, y el reconocimiento como Periodista del Año en 2011, con la condecoración Enrique Medina Flores.

Elegante, pulcro y siempre fiel a su característico corbatín, Raúl Ospina también dejó huella por su estilo personal y su carácter rebelde frente a las modas. Pero, sobre todo, será recordado por su enseñanza: hacer las cosas bien, actuar con honestidad, ayudar a los demás y caminar siempre por el camino correcto.

Chiquinquirá despide a un hombre que hizo de la palabra un servicio, de la verdad una bandera y de la cultura un legado. Su voz podrá haberse apagado, pero su obra y su ejemplo seguirán vivos en la memoria colectiva y en cada historia que aún resuena con su nombre.